Mi padre es Seguntino, para estudiar tuvo que marcharse de la ciudad y debido a muchas circunstancias que no vienen a cuento, se hizo una vida fuera. No por eso, se marchitó su relación con su pueblo natal, cada vez que volvía, tenía allí a su familia y amigos, conocía el lugar y a sus gentes y podía reincorporarse sin demasiada dificultad.
Por el contrario, mis hermanos y yo, nacimos ya fuera y vivimos fuera de Sigüenza. Nuestra relación se reducía a los fines de semana y veranos. Éramos y somos, lo que se dice, unos veraneantes de pies a cabeza. De niños, nos resultaba difícil imaginar la infancia y juventud de nuestros padres en una ciudad que para nosotros, significaba algo muy distinto de lo que había significado para ellos. Mis amistades, se reducían a los hijos de los amigos de nuestros padres, dándose la circunstancia de que, muchos de ellos, eran veraneantes también. De los seguntinos de mi edad (salvo contadas y muy buenas excepciones), me separaba un muro invisible y los espacios que pudiesen haber producido el encuentro, no existían. A todo ello, tengo que sumar que mi carácter no era precisamente extrovertido, era un chaval tímido y algo miedoso. Leer más…